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Donde el viento me lleve, Spain

miércoles, 19 de febrero de 2014

Perturbados pensamientos.

El frío se atrevió a vestirme con exactitud los huesos. Mi piel reserva las caricias que alguien dejó olvidadas tiempo atrás. El declive me abrió las puertas y osó hundirme en la concavidad de aquella oscuridad. El anochecer no es más que un precipicio hasta mis entrañas. Tortura de mi subconsciente hasta subyacer. Sensibilidad abatida hasta la muerte. Pesan más los párpados que el propio cuerpo. Oscilan hasta que les es permitido. Hoy he amanecido en el flanco contradictorio de la realidad. Fin’amor. El alma se halla extenuada en su integridad. Las preguntas solo son vocablos desorganizados que se dedican a desgarrar la cáscara que envuelve el torso inerte que algún día llamé cuerpo. Las respuestas, inexistentes, perforan y penetran con suavidad, calando más adentro aún. Días de ironía desatada. Días previsibles, esperados, pero dolorosos. Ya vuelven mis musas a tener color añil frígido. Ya vuelven a bailar sobre mi bolígrafo incitándome a desencadenar de una tirada todo su interior. Bienvenidas, se extrañaba vuestro revoloteo sobre la roca herida. Demasiado tiempo exiliadas como para poderse desatar en todo su esplendor. Nunca me dio miedo convivir con ellas pero la cobardía rindió culto al dilema. Leer y releer sin que nada me convenza. Agradezco el día que conocí a la pluma y la calcé con todo aquello que me incendiaba la mirada, mi endoscopio particular. Dibujo con letras el electrocardiograma que jamás nadie supo plasmar, a la espera de alguien capaz de saberlo interpretar. Algo más profundo que hermosos acordes carentes de musicalidad. Un paseo por mi yo interno hasta su expiración. Días de no reflexión, tan solo de tortura interna.  Perseverancia. Ya vendrán días mejores.