lunes, 7 de abril de 2014
"El infierno es un oasis en un desierto de llanto"
Me arde el pecho bajo el tormento del deseo de esas manos que jamás supieron escribir sobre mí, piernas estabilizadas rompiendo a gritar por ansiar temblar, labios corrompidos tan solo por querer ahogar la necesidad donde no debieron, bocanadas de aire presas de lo que creyeron un vis a vis, mentiras y más mentiras tratando de paliar esta lucha contra quién sabe qué. Demasiado tiempo en el exilio de la incapacidad por sentir. Bendito el rechazo y bendita la desidia que nos empuja a caer en un pozo, sin más agua que las lágrimas que se escondían a la espera de un motivo funesto que nos haría recordar. Pero más increíble es, aún, volver a sentir sin necesidad de apoyarnos en el recuerdo, nueva vida, nueva historia, nueva lucha. Infinita alevosía. Avenirse al intento hasta la muerte. Anhelo. Aspiración con vehemencia. Palabras, al fin, dentro de contexto. Bendito dolor que pretende paliar la lucha contra el papel. Volver a sentir, sentir por dolor, sentir por placer, sentir por escribir, sentir por existir, sentir por vivir. Infinito agradecimiento.
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