Desde
bien pequeños, desde la infancia, se nos adoctrina para ser obreros. Se nos
enseña a estudiar para ser alguien en la vida, se nos conduce a un camino de
estudio y estudio y se le llama futuro. “Estudia para ser alguien en la vida”.
La teoría es fácil de chapurrear por todos, por cualquiera, pero ¿cuál es la
verdadera práctica? Se nos adiestra en un camino para acabar sirviendo al
estado, para acabar malviviendo con un mísero sueldo mientras cada día tendrás
que salir a la calle y hacer actos de valor. No se premia la originalidad, no
se premia la creación. Se premia el memorizar por completo una serie de apuntes
y vomitarlos sobre un papel, cuanto más idéntico mejor. Con puntos y comas
sobre algo de lo que no tienes ni la menor idea llegarás lejos. Y lo peor es
que cualquier mentecato con una buena memoria podrá llegar más lejos que
alguien que realmente pueda salvar la humanidad. Se nos motiva a memorizar y memorizar,
expulsar y olvidar. Así se llega a la universidad, o a cualquier curso de
estudios superiores, sin tener una mínima idea de la vida y una base educativa
lamentable. Y esto no acaba aquí, profesores que se sacaron la carrera cuando
estudiar era de ricos y han vivido años y años del cuento se dedican a
menospreciar el trabajo y a desvalorar al que sobresale. Esos profesores se
dedican a ir a clase y su trabajo consiste únicamente en leer diapositivas y
contestar de forma hiriente a alumnos que no tienen la culpa de desconocer los
conceptos. Y a pesar de todo se atreven a indignarse cuando recortan en un
sueldo que no merecen. Veo en mi ámbito todos los días a personas realmente
inteligentes que podrían haber llegado lejos y en lugar de ello los encuentras
en parques automarginándose cuando ya no
hay otra opción. Los recortes en educación son solo la guinda del pastel para
algo que acaba por desprestigiar a su propio nombre. Hace tiempo cuando tan
solo era una niña de segundo de ESO una profesora de lengua castellana se
acercó a mi con un papel en la mano. Me dijo que había analizado a fondo mi
trabajo y me sugirió que participara en algún concurso de redacción porque
creía firmemente que tenía talento, a pesar de mis bajas notas por falta de saber
memorizar la literatura. Esa profesora hizo más por mi de lo que en 18 años
había hecho nadie, y con un simple gesto. Las buenas notas no marcan tu talento
ni tu inteligencia porque ahora mismo sacarlas puede hacerlo el más ignorante.
Y sin una preparación digna ni unos estudios primarios decentes se puede llegar
incluso a presidente del gobierno. Todo está pensado y hecho para tener a un
pueblo ignorante que realmente se atreve a mirar por encima del hombro a
personas que carecen de estudios, y así nos va. Los mismos alumnos, divertidos,
apoyan causas, de una gran importancia, de una forma tan banal e ignorante que
acaban por denigrar una gran lucha. Es curioso que el comentario más popular de
esta semana en clase haya sido “jajajaja si que voy a hacer huelga, si, pero
desde el sofá de mi casa”. Otra muestra clara y ácida de que cualquier
analfabeto puede llegar a la universidad. Y con esta prioridad anoche muchos de
ellos salieron de fiesta por el mero hecho de que hoy no había clase, y así
convierten luchas en puentes y diversión, proclamando la ignorancia, la desinformación
y la inconsciencia de una panda de iletrados que aún se atreven a indignarse y
a pedir una educación sin recortes. Por otra parte, admirables son aquellos que
han ido a clase incluso contra su ética estos días porque sabían de qué iba a
servir quedarse en casa, y hoy se han levantado a las 7 de la mañana para ir a
manifestarse y poner en práctica sus derechos. Por los que se han dirigido a
plantar cara al mundo de la mejor forma que han sabido, por los que saben
realmente que los recortes son el mínimo problema ahora mismo, por los que
piden una educación de calidad, por los que sobreviven en clase día a día
soportando en sus carnes desprecios y miradas de arrogancia cuando un trabajo, inútil,
no es valorado. Y así, día a día, aprendemos a ser obreros y a calcular nuestro
futuro sirviendo al Estado con nuestro sudor. Para todos aquellos que saben el
porqué de esta lucha, y tienen derecho a indignarse, mis respetos. Hoy vosotros
sois la voz, hoy vosotros marcáis el combate, hoy respondéis por todos. Para
que algún día, dentro de unos años, sea yo la que me acerque a una alumna y
motive su afán por escribir y por mostrarle al mundo que vale, que vale más que
todos esos dieces que sonríen en clase. Hoy, 24 de octubre, luchemos por
confeccionar algo que realmente merezca ser llamado educación.
jueves, 24 de octubre de 2013
martes, 22 de octubre de 2013
Carta a la música
Dormida
en mi regazo. Capaz de despertar al unísono para acariciarme el alma con la
inexactitud de las yemas de sus dedos. Cuando todo el mundo me rechazó fue ella
quien supo ver algo abstracto, indefinido e
impreciso en mí, y me despojó de mis ropas para aferrarse a la piel como
una caricia de madrugada. Intérprete del miedo de mis ojos cuando el mundo se
deshacía bajo los pies. Capaz de neutralizar el fuego de las lágrimas que me
incendiaban las mejillas. Guía de mi inexperiencia, idónea en arrinconar los
rompecabezas de mi día a día y lograr desertar de aquí en diminutos intervalos,
la evasión de mi mente sobre el resto. El tiempo deja de mesurarse en minutos
cuando estás cerca. Amor cuando tu métrica me acuna y besa con entereza los
oídos hasta penetrarme el espíritu. Que no me hablen de hedonismo si no te han
sentido cerca. Compositora nata de la vida, capaz de convertir aire en poesía.
Mágica. Música.
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