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Donde el viento me lleve, Spain

miércoles, 25 de noviembre de 2015

25 de noviembre

Así es como la triste doncella ofrecía en la mano el alimento al hambriento, que clamaba a gritos por calmar su gula. Comía y comía hasta saciar su apetito y, no contento con haber agotado cualquier triza de la vida que brotaba de aquella mano, mordía entonces los dedos de la muchacha hasta que sangraban. Hasta anularla. Lamía, a continuación, los huesos que sobresalían entre las dentelladas y le prometía la cura mientras bebía sus lágrimas, y así conseguía también saciar su sed y dibujar una sonrisa de esperanza sobre aquel rostro de ojos plomizos que parecía necesitar un soplo de oxígeno para seguir manteniendo la vida. Un "no llores" con aire de preocupación y un "te quiero" con un beso que, más que un beso parecía un mordisco, culpable de las llagas que en el alma hacinaba la dama. Retorcida de dolor, sangrando, con las mejillas colmadas de lágrimas, y con una sonrisa de ilusión en la boca esperaba la frágil mujer en una silla hasta que él volviera a sanar sus heridas. Nadie más se hubiera atrevido a hacerlo.

Esta ingenuidad duró demasiado tiempo. Abatida por el cansancio se refugiaba en sí misma cada noche, donde nadie podía dañarla. De nuevo inconsciencia. Su vida se metamorfoseaba en visiones a baja luz que la condenaban al delirio y la zozobra. Despertaba empapada, segregando lágrimas por todos y cada uno de los poros de su piel. La ansiedad le anulaba cualquier actividad pulmonar hasta incitarla a las nauseas y al resultado de ellas. Ese era el precio de… ¿de qué exactamente? ¿qué podía merecer esa tortura? Nunca lo tuvo claro. Hubiera vendido hasta sus entrañas por un minuto más, o por uno menos. Por el día la hacían y por la noche la deshacían. Y al revés. Más tarde, tan solo, la deshacían. Desguazaron su cuerpo y se vistieron con él. Con el corazón descompuesto seguían comiendo de su mano, viéndola enflaquecer. Su piel se afinaba en un cuerpo cada vez más pequeño. Y más. Y más. O así se sentía ella. Pero qué estupidez, si, luego, se le engrandecía su podrido corazón con una simple caricia. Carraspeaba unos débiles latidos y creía que era eso a lo que llamaban vida.
Pero la verdadera realidad era que la vida se le escapaba como agua entre los dedos. Que su esencia se agotaba como el perfume caro. Que sus ganas se marchitaban como las hojas en otoño. Que sus lágrimas le hundían los pómulos como cataratas en pleno desnivel.

Dejó de ser mujer el primer día que le lloró, y dejó de ser persona horas después, cuando se secó las lágrimas con el cabello y se auto convenció de la culpabilidad del asunto. Nunca jamás volvió a levantar el rostro. No se lo merecía. O eso creía. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

El ojo del huracán

Hoy, me hallaba en la servidumbre de lo abstracto del ser humano, y me apetecía volar.
Abrir las alas y despegar en busca del colofón de sensaciones que nos pretenden coartar.
Sobrevolar el mundo desde arriba y observar la inculcada patriarcalización que os mueve.
Rocé la rama feminista con las primarias mientras me posaba en ella.
Observé con más precisión el cúmulo de injusticias que agredían con arma blanca a las personas.
A las personas. A ti. A mí. A nosotros.
Y, de nuevo, con la gracilidad del frágil y curioso ave, me abalancé sobre el cielo con sed de justicia.

Entonces el mundo se paró. Los polos gravitatorios que impulsan la fuerza de nuestra bola debieron detenerse por instantes incalculables, porque no podía lograr pensar nada más.
Pero delante de mis ojos no se hallaba el infranqueable abismo que encarcela la libertad de la humanidad. Solo había otros ojos, leyendo dentro de mí a vertiginosa velocidad.
Entonces comprendí por qué últimamente la gente me pregunta eso de “¿por qué ya no escribes?” o solloza mientras susurra que necesita mis líneas para evadirse o viajar.
Solo diré que, desde que fluyo bajo el atento reflejo de mis ojos en aquellos que me acompañan, el mundo se ha convertido en poesía, y vivirla supone la fuerza astral superior capaz de penetrar en los confines de esas sensaciones que preceden el simple vuelo. Ahora surco el cielo en solitario para escribir. A día de hoy me aferro, con conocimiento interno de error, a todo lo efímero y etéreo que me ofrece la situación, pero también a todo lo corpóreo, carnal y lujurioso que le corresponde. Y hasta en la inmundicia de lo abyecto, en sábanas sucias y una habitación decadente y lúgubre, se halla la poesía creando(me).

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Ojeras

Tus ojeras
son las esferas
de esa sensación que desesperas.

Y, cuando en mi cama bostezas
y agitas tus labios color cereza
no sé por qué esperas que me crea
que el mundo es infinita certeza.

Pues, aunque mi rima densa
en ocasiones la cuerda tensa,
no esperes que mi verso libre
se ate a sentimientos de ese calibre.

Amor platónico para tu piel de mimbre
pero soy de esas que nunca supo ser firme.

Desde el cielo te anhelo, y le canto, para que te abrigue el manto, infinito, lleno de esferas, fortuito, que siempre fueron tus ojeras.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Inflexiones de añejos revoloteos.

Era volátil. Liviano de alma, y de pestañas gráciles.
Por el pico soltó un graznido desagradable, pero, sin querer o queriendo no querer, lanzó un suspiro que me alcanzó. Un disparo mortal hacia el abismo. Pero abismales sus ojos, de una embaucadora profundidad.
Soñé con alzar el vuelo y, así, poder alcanzarle.

Le pedía abrazos, y me envolvía con sus alas hasta volatilizar todos los miedos. Y el frío.
Yo siempre quise ser él, y él nunca quiso ver como era. Hasta que nos encontramos.
Él me enseñó a volar, sin saber por qué.
Yo le rasgué los párpados, obligándole a descubrir sus propias alas.
Y lo entendió todo.
Azar, o suerte. Una respuesta que nunca me interesó descubrir.

Desde entonces me da cobijo en su nido. Me acaricia con delicadeza las plumas. Canta en mi oído melodías que nunca nadie más podrá escuchar. Y me da la libertad, porque la vida es dar, y yo le daría el alma por una explosión más.
Yo, desde el terrenal piélago de los humanos, abrí la jaula. Y escapé.

"Tu corazón es como una continua explosión de aves alzando el vuelo por primera vez, no necesitas alas"
Pero se equivocaba, me declaré subordinada de las suyas. Y no me/le importó.
Es justo compartir el don con quien te ayudó a descubrirlo.
Es justo levantar el vuelo siendo consciente del hipotético riesgo que implica la caída.
Es justo no pensar en ella.

Volar. Sentir el desasosiego. Y volar más alto. Visualizar la muerte cara a cara, y así vivir.

Vivir. Volar. Dar. Amar.
Y, entonces, lo tuve claro. Su alma era de fénix.
La intensidad nos hizo arder, hasta quemarnos.
Pero, más tarde, fue el alma quien nos devolvió la existencia,
renacimos entre las cenizas.
Y la vida nunca volvió a ser tan hermosa.
Hasta mañana.
Cuando mi avecilla legue un motivo más.
Hasta mañana.
Cuando alce el vuelo y no recuerde el dolor de las caídas.


sábado, 25 de abril de 2015

Colofón.

Solo es una chispa, creada para propagar el fuego sobre el cuerpo material que precise. El ímpetu del sentimiento prolifera la combustión. El incendio te cambia la vida, te arropa y te estimula, hasta los confines más inesperados del individuo.
Hoy el fuego se apagó. La chispa no enfrió en ningún momento. Recuerdo que permanecía bajo una montaña de cenizas sin que nadie la percibiera. Sus fuerzas eran limitadas y necesitaba almacenar calor para poder aferrarse y lograr prender de nuevo. Solo necesitaba que le acercaran hasta el camino alguna brizna de madera, (o de razones). Logró, con paciencia y pasión, volver a arder orgullosa como una llama, lo suficientemente fuerte para arrasar con todo, si decidiera proponérselo. Pero esas nunca fueron sus intenciones. Tan solo quería mantener el calor de dos corazones impasibles que provocaron la chispa el uno en el otro. Y, evidentemente, el fuego se había propagado. Caldeaba las almas con sigilo. En ocasiones, se excitaba y enardecía hasta avivar la flama. Las tempestades propias de esa época del año luchaban fríamente contra ella, que es de la peor forma con la que se puede luchar contra una llama. Y un día, sin previo aviso, el temporal enfurecía. Y la tormenta se convertía en ventisca, más tarde en huracán. Y con la fuerza bruta del tornado se llevaba por delante las cenizas hasta mermar y casi consumir la chispa. Otros días, ambos aparatos se unían, y se producía un baile de descargas y chispazos que, aunque a veces ocasionara daños sobre el material, volvía a renacer el fogonazo que, de nuevo, abrigaba los interiores. Jamás supe de la existencia de algo más acogedor.
Hoy el fuego se apagó. La chispa nunca podrá morir, pero mis maderas permanecen a salvo tras las paredes de porquería cimentada que hoy me protege. Consolida tus deyecciones y lánzalas fuera. Decían unas voces. Yo sufría de diógenes, o eso creía, solo me gustaba almacenarlas. Para hacer fuerza, me decía. A día de hoy soy incapaz de respirar entre tantos escombros. Pero, aunque me ahogue entre la inmundicia, tengo un problema más nocivo, si cabe. El fuego se apagó. No hay duda. No quedan ni las brasas. El frío va propagándose por el corazón, anestesiándolo. Pero, por favor, que alguien me explique por qué, aún sin fuego, a mi me abrasa la existencia. Me quema por dentro. La piel se transforma en un crepitar de todos los poros, y el espectáculo de mi cuerpo chamuscándose entre bloques de hielo, achicharrándose bajo el yugo de la evidencia. Porque, al fin y al cabo, lo que duele es la verdad. Tengo la esencia carbonizada, entre un lecho de broza. ¿Y qué? ¿Qué me quieres decir con esto? Que duele, que nunca había dolido tanto. Que el hielo quema. Pero la chispa duele.

lunes, 6 de abril de 2015

turbia realidad

Hoy me acompañan la soledad y el viento. Vuelve el frío, fiel compañero que me da cobijo desde que existo. Mi amor por él no es aceptado, pero la eternidad de su compañía es inexpugnable. El conjunto de los sonidos del mundo se metamorfosea en un irrisorio murmuro que atenta contra mi persona. Y me largo. Me largo de aquí, al infinito. Al refugio. Y el camino se hace eterno, los pies me gritan presos del cansancio y el dolor. La mente es más fuerte y me guía hasta el final. Y ante mis ojos se abre la belleza. Y camino confiada por las riendas que me dieron la vida. Me siento en el viejo árbol que se alza en el mismo lugar desde que conozco. Y lo miro, y me mira. Y acomoda sus brazos de la forma exacta que me permite tumbarme. Y miro al cielo, enjaulado por sus frondosas ramas. Le acaricio las yemas y cierro los ojos. El murmuro se ha marchado. Solo el viento mecedor de hojas y las aves en euforia me ofrecen la más brillante paz. Y la soledad se disipa hasta desaparecer. Y sigue ahí, pero la fortaleza que transmite este instante me obliga a dejar de vislumbrarla. Y nadie nunca podrá arrebatarme esa sensación. Solo yo, con la infinidad de terrores que me atormentan a diario, pero que incluso aquí logran trascender de mí por un rato. Paraíso al alcance de cualquiera. Cualquiera con fuerza y alma. Creo que si nací con algo fue con la suerte de un alma capaz de compensar las escasas y débiles fuerzas que se me desarrollarían. Y sin ser consciente de la ingenuidad, o siéndolo en un interior poco importante, alcanzo el clímax. Y los ojos, que me pesaban de tanto llorar, se aclimatan al entorno y el cansancio que los envolvía se sublima. Y qué sublime este momento. Y la soledad se vuelve amiga, fiel, y la única cuando el resto se ha esfumado. Y el tiempo pasa sin ser percibido, tal vez por no querer interrumpir este álgido renaciente. Y es que la naturaleza es así: te da todo lo que necesitas y te abriga cuando el alma agoniza machacada por la sociedad. Y, sosteniendo esta última idea en la mente, pienso con pura certeza: libertad. Y libre, me resigno por las cuerdas que me arrastran cruelmente de vuelta al agujero. Inquebrantables, me lanzan de nuevo la llamada, y marcho dolorida y cabizbaja hacia el mundo que no roba lo más preciado que existe: la libertad. Aquella con la que nacemos, no la que se nos otorga. Oh amada mía, no me llores, prometo que volveré pronto. Lo juro.

lunes, 9 de febrero de 2015

Las "amiguitas" de mi novio.

Hace tiempo, cuando me inicié es esto de las relaciones, empecé a verme envuelta en una serie de problemas que nadie me había contado antes. Al principio optas por pensar que, quizá, la culpa es tuya o que el problema gira tan solo entorno a esa relación. Qué ingenuos somos al principio. Hoy vengo a hablaros de algo que se ha dado reiteradamente en las diferentes relaciones que he tenido y con lo que espero, aunque no es algo para desear a nadie, que os sintáis identificados. Hoy vengo a hablaros de las ex de mis novios. Y añado que cualquier parecido con la realidad es únicamente casualidad. Si aun así os aludís, joderos, no haberlo hecho.
Cuando empiezas una relación experimentas esos primeros meses de felicidad absoluta en la cual, crees, nadie puede influir. Durante ese tiempo se nos escapan una infinidad de detalles que luego nos servirán de una forma magistral para detectar esos pequeños virus que atacarán a tu relación.
Las ex de tu novio, y quien dice ex dice amigas, ya que algunas de estas, a pesar de haber tenido relaciones con tu novio, seguirán manteniéndose firmes en que debemos considerarlas amigas. “Solo somos amigos” es la frase que más he escuchado por la boca de esas mujeres, que intentaban excusarse por cosas que realmente me habían molestado. A veces zanjamos una relación efímera con alguna persona y acaba siendo un gran amigo y, realmente, no tenemos de qué preocuparnos porque sabemos con certeza que eso jamás volverá a repetirse. Otras veces utilizan esa excusa de “solo somos amigos” con nosotras, las novias, pero con los otros, sus ex, utilizan otra serie de artimañas para conseguir una cita con ellos, sea cual sea la excusa, he llegado a ver a estas susodichas ir a casa de mi novio personalmente, sin avisarle, con la única excusa de pedir algo que podían haber conseguido en cualquier otro sito, como un cable de móvil. Y claro, un cable lleva a una cerveza, tu chico accede para no quedar mal, y toda esta historia acaba en una de las discusiones más fuertes de tu relación.
Luego están esas ex que realmente sí podemos llamar ex. Las ex importantes, a las que tu pareja habrá querido por encima de todo. Esas por las cuales han arriesgado otras relaciones, esas por las cuales han sufrido y han llorado, y ahora pretenden que les sonriamos cuando las vemos por la calle y se abalanzan sobre nuestro chico con besos y abrazos diciéndole lo mucho que hace que no se ven, que tienen que quedar pronto, y esa serie de retahílas que me hinchan la vena hasta casi desfallecer. A ver, no me malinterpretéis, aunque yo no estoy a favor de eso de seguir siendo amigos de nuestros ex más lejos de saludarse por la calle y, quizá, preguntar DE VEZ EN CUANDO qué tal les va, puedo intentar entender que algunas personas sigan manteniendo una amistad con ellas, pero el problema llega cuando esas ex, las “importantes” empiezan a interesarse demasiado por nosotras, las novias. Y cada vez hablan con más y más frecuencia con nuestro chico, aunque antes de saber que se había echado novia ni se acordaran de él, empiezan a preguntarle por nosotras, “¿Cómo te va con tu chica?” “podríamos quedar un día los 4”, cosas normales, diréis, pues no. Esto empieza así pero tenemos que estar preparadas para lo que va a suceder a continuación, algunas de estas ex no pueden soportar la idea de que ya no son alguien esencial en la vida de nuestro chico y cada vez trataran de acercarse más y mal-aconsejar y manipular con una cara “amiga”, no os fieis un pelo si empiezan a preguntarle a nuestro chico reiteradas veces sobre nosotras. Probablemente, para que no le demos importancia a esto, y para buscarse las coartadas antes de que, si quiera, les hayamos dicho nada, acabarán recurriendo a la excusa de que ahora tienen pareja y no hay de qué preocuparse. Nosotras podríamos recordarles que anteriormente también la tuvieron y aun así le fueron infiel con nuestra pareja, pero nos mordemos la lengua y lo dejamos pasar. Detalles, simplemente.
Pasa el tiempo y cada vez hay más y más de estas “amigas” de tu chico que parecen arder en deseos de conocerte, aunque sepan de sobra que la infinidad de cosas que han hecho con él lo único que te provocan es que acabes con la tensión por las nubes mientras les sonríes como si no fueras consciente de todo lo que sabes. Bendita ignorancia ¿eh?
Las hay insistentes, de esas que llegan a extremos en los cuales no las puedes malinterpretar: le están tirando los trastos a tu chico. Puedes dejarlo pasar o puedes hacer como yo solía hacer y armar el pollo de Dios. Esto puede conducir a dos cosas, la primera y más recomendable que ocurra es que esta chica admita lo que ha hecho, de malas o buenas maneras, eso es otra historia, y acabe por cesar esta pesca. La segunda cosa que puede suceder, y en mi caso la más común, es que lo nieguen hasta la muerte con excusas estructuralmente elaboradas en las cuales no hay ni un cabo suelto. Un consejo para las ex: Nunca hagáis esto. Si una novia os habla para comunicaros este tipo de problema no tenéis que limitaros a pensar que podría haber visto alguna conversación y que podéis “aclarar” este “malentendido” con dos argumentos de niña de 13 años en un triangulo amoroso, si una novia os habla sabed a ciencia cierta que es la novia, que en una pareja hay confianza y que esa chica que os está hablando sabe de principio a fin como eres, las cosas que has hecho con su chico, como actúas, y, por supuesto, es consciente de absolutamente todas las conversaciones que habéis mantenido desde que ella comenzó la relación. Nunca intentéis competir con una novia por muy amigas que seáis de él desde hace años, incluso. Aunque ella haga como que ha “aclarado” el asunto ante vuestras explicaciones y negaciones sabe perfectamente que no es cierto y lo único que conseguiréis es iniciar una guerra fría que puede durar hasta que la novia acabe su relación o hasta que acabe por convencer al novio de que vuestra relación, incluso la amistosa, ha de morir. Y así sucederá. Y no las culpéis a ellas de forma falsa delante de las amistades que os pidan explicaciones, sabéis perfectamente que os habéis comportado como unas cerdas, es mejor no seguir tentando la suerte y acabar sepultadas por, por ejemplo, capturas de pantalla que el novio le envía a la novia mientras la ex le tira y en las cuales perdéis algo más que la dignidad.
Ahora hablemos de esas chicas que estuvieron con nuestra pareja de forma casual, los llamados “rollos” que, supuestamente, solo fueron eso, acabaron y ahora tenemos que paliar con estas mujeres que insistirán mucho en quedar con ellos, no sabemos con qué intenciones. Si no tienen ningún tipo de deseo u objetivo no tendría que tener problemas en ciertas cosas. ¿Qué son “ciertas cosas”? pues detalles tan sencillos como aceptarnos en alguna red social sin dar parte de ello a nuestro chico o preocuparse, simplemente sabiendo quien somos y no dando más importancia a ello. Hagamos un inciso en esto último, ya que a veces, algunas ex (del tipo que sean) sienten esa ardua necesidad de contarle a nuestro chico todas y cada una de las cosas que hacemos como si ellos no fueran lo suficientemente conscientes de ello ya, pero cada uno intenta fastidiar como sabe o puede. El problema llega cuando empezamos a ver detalles que no nos gustan en esa chica que “solo fue un rollo”, “no ha pasado nada desde entonces”, “somos buenos amigos” y no tendría que preocuparnos, pues bien, nos preocupa. Y mucho. Nos preocupa que esas mujeres intenten evitarnos a toda costa como si tuvieran algo que ocultar y sigan siendo tan extremadamente amigas entrañables de nuestro chico. Lo peor que puede pasar en estos casos es que ni siquiera podamos dar un argumento solido o una prueba precisa y concreta en su contra. Lo hacen todo tan bien que no sabes si te la están colando al nivel de un 6-0 en un barça-madrid o si, simplemente, no hay de qué preocuparse. Mi consejo es que de las “amigas” que evitan hasta aceptarte en Facebook mejor no fiarse.
Ahora, y para finalizar este discursito que acabo de soltaros del tirón, os voy a hablar de esas “amigas” a las que formalmente debemos llamar amigas porque nunca jamás de los jamases pasó nada entre ellos, o eso intentan hacernos creer. Vamos a hablar de algo que me gusta llamar “las espinitas clavadas”. En efecto, jamás pasó nada, pero si hubiera sido por ellos habría sucedido 14 veces. ¿Podemos estar tranquilas ante estos amores pasados de nuestros chicos? Yo, para variar, pienso que no. Esa tensión sexual no resuelta que reprimieron puede volver a florecer en cualquier momento, y, aunque hay de todo, muchas de estas sienten un morbo especial por hacerlo ahora que existimos nosotras.
Como siempre nos dicen nunca debemos generalizar ya que en la vida hay todo tipo de personas y jamás debemos juzgar sin conocer  pero, con vuestro permiso, y obviando todo esto, yo me quedo con lo que mi abuelo solía decirme “fíate de la virgen, pero corre”. A lo mejor es que yo soy demasiado desconfiada con el mundo en general y que, otra vez apelando a mi abuelo, “no me fio ni de la chaqueta que llevo puesta”, pero mejor prevenir que curar y si estáis empezando una relación informaros bien durante esos primeros meses de ensueño sobre a lo que os estáis enfrentando para ir un paso por delante y que no os pillen de susto.
El mundo está lleno de personas maravillosas y amigas increíbles e inigualables, pero también de personas toxicas que se nutren solo a base de provocar las desgracias ajenas para seguir manteniendo su rango más alto en la manada, aunque no sea ni la suya.

Por suerte o por desgracia para mí lo que sí puedo decir es que aún no he conocido a ninguna ex o amiga tan loca, neurótica, fría, desequilibrada, obsesiva compulsiva, impulsiva, perturbada, prudente e inteligente como yo. Con más ases que manga, ya que, como decía mi abuelo, “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

lunes, 2 de febrero de 2015

Distància

És bo tenir sempre a punt el recurs

d’un mot que empleni el buit de tu, per fer-ne
la pertinent cuirassa que em preservi
del malson de l’enyor i la tristesa.
Aleshores te’m fas present en cada
vers que escric, i quan, sol, me’l repeteixo,
no hi ha distància entre el teu cos i el meu,
units per sempre més en el poema.
Miquel Martí i Pol

Aquests són d'aquells moments en què no saps com reaccionar,llançar-te a l'abisme en un salt mortal, arriscant-ho tot o dedicar-te a esperar, podent així, perdre l'oportunitat de la teva vida. Se't regira l'estómac, et sents incòmoda i alhora feliç.
 Sorgeixen espurnes d’amor i centelleigs en la teua  fragància. I sento que els nostres cors són dues bombes de rellotgeria en ple funcionament i programades per esclatar juntes en un immers desig de goig i passió.
El teu bell rostre es troba davant meu. Els teus cabells onegen en un suau vendaval majestuosament. Estic nerviosa. Et miro als ulls i sent que surem, t'acostes, et murmure, et ruboritzes...
No existeix la distància entre nosaltres, tot és perfecte. Podríem fins i tot arribar a tocar el cel. En el meu cos es fa present la il·lusió d'estar per fi al teu costat. Per un moment arribe a sentir que eres la persona qui mes vull en aquest món, que ets únic, inigualable, preciós… que t'estimo com mai ningú s’ha estimat, que et sento com mai ningú t’ha sentit,que et miro com mai cap parella s'ha mirat.
Em perdo entre la profunditat de la teva mirada, travesse els miralls de la teva ànima i em submergisc en la immensa foscor de la teva pupil·la mentres crec arribar a acariciar-te la veu. El temps s'assossega, els segons es dilaten i les mirades em travessen. Una ràfega del teu interior arriba a mi, congelant el meu cos, deixant-ho inert, incapacitant-lo a reaccionar davant de tal instant. Baixes a poc a poc la mirada fins a la meva boca i ràpidament em mires als ulls. Aproximes lentament, com si d'un somni es tractara, els teus llavis al meu rostre. Tanco els ulls lentament, em deixo portar per el teu aroma, sent la teva presència cada vegada més prop, i més, i més...i llavors quelcom ocorre. Els teus llavis... no arribo a sentir-los. Travesso la teva imatge. La teva figura s'esvaeix a poc a poc, mires les teves mans estranyat. Què succeeix? Mil preguntes em recorren la ment. Crit el teu nom però les paraules se m'entravessen, i tots els intents de conservar la teua presència són en va, perquè finalment desapareixes, sense més. Deixant-me completament absent, desolada, trasbalsada...Estic confusa i atemorida, les gotes de suor descendeixen pel meu rostre a una velocitat vertiginosa. On diables t’has anat? On ets?
Desperte. Òbric els ulls exaltada, el meu subconscient em posa en situació d’un sobresaltat, i veig davant meu el quadern de poemes que estava escrivint per a tu. Les llàgrimes han esborrat els dos últims versos. Ni tan sols m'havia adonat de que estava plorant. Sec el paper, o almenys ho intento, perquè en passar la mà per damunt els versos s'esquincen i alguna cosa en el meu interior s'estremeix, es retorç adolorida i ploro llàgrimes saturades d’agonia.
No sé molt be en què m'he convertit ni que m’està passant. Per evadir la realitat i no afrontar-la m'he immers, inconscientment, en un somni que jo mateixa he anat creant, lletra per lletra, paraula per paraula, vers per vers, poema per poema. Però només he encadenat un enfilall de mentides despietades, que per un moment quasi no aconsegueixo distingir de la realitat.

Intento nadar fins a la superfície amb el meu últim alè, sortir a flor d'aigua. Però no aconsegueixo respirar l'aire que amb tanta ànsia necessito. M'enfonso com qualsevol pedra llançada amb fúria a l’oceà. El meu cor de roca no aconsegueix trobar a ningú que senti com ell. És com si em llançaren al mar, sense importar una altra cosa més que desaparegui, m'enfonsi... m’ofego. La meva mà salvadora no arriba, desespero, i a poc a poc em quedo sense aire. Només escolto els batecs del meu cor, que constants, em recorden la crua realitat: que segueixo viva... i enamorada.
Lucía Berenguer.

viernes, 23 de enero de 2015

Las consultas del Doctor Ripoll

Buenas  a todos, hoy me dispongo a desvelar el peor caso que se me presentó jamás, a petición popular de los lectores. Para los que ya me conocen y para los que aún no, me presento: Soy el Dr. Ripoll, veterano en psicología desde hace 32 años, especialista en problemas de pareja en casos extremos. Alcancé la fama por mi eficacia a la hora de resolver todos los casos que se me habían presentado hasta la fecha. En mi libro “Todo tiene solución” plasmé muchos de estos casos y ayudé a cientos de parejas al borde del abismo a retomar la marcha. Trabajo mensualmente en una revista digital comentando muchos de mis desafíos basándome en pacientes reales. Hace unos meses realicé una votación para desvelar uno de mis casos y, como ya he dicho, por petición popular se me adjuntó el término “El peor de tus casos”. Es difícil escoger dado que hay muchos problemas en cada uno de ellos, de índoles desconectadas por completo y, realmente, no podría decir con precisión cuál de todos ellos es peor. Al fin me decidí y como ya indiqué por las redes sociales hoy saldría la historia que me puedo atrever a considerar peor, no por la situación de la pareja en sí, quiero decir, dentro de los problemas meramente psicológicos, sino por todo el tiempo que me costó resolverla ya que fracasaron en absolutamente todas mis terapias.  Espero que sea de su agrado y la disfruten, un saludo a los lectores de la revista que hacen posible esto.
Era viernes por la tarde,  un soleado día de mayo. Tenía cita previa a las 6 con unos pacientes a los que nunca había tratado. Venían por problemas de convivencia y comunicación, según me indicó el marido por teléfono, aunque he de decir que no le vi muy convencido por teléfono.
Acudieron a consulta a las 6:20, los escuché desde dentro discutiendo mientras llegaban. Ella estaba tremendamente molesta porque llegaban tarde por su culpa. Él agachaba la cabeza y apretaba los dientes conteniendo la respiración para no entrar al trapo, pero era intuitivo el cansancio que le propinaba la conversación, se leía entre líneas que, probablemente, llevarían los 20 minutos de retraso a la cita manteniéndola. Les indiqué el asiento y les pedí que cerraran la puerta. La joven se levantó, lo hizo y volvió a tomar asiento, tropezando levemente, mientras le temblaban las manos. Les di un minuto para relajarse.
 Esta pareja estaba recién casada, no llegaba al año. Ella se llamaba Leire, 26 años, él Ramón, aunque prefería el nombre de Moncho, tenía 27. Naturales de Asturias y Barcelona, respectivamente.
Me presenté como el Doctor Ripoll y les expliqué que iba a realizarle una pregunta a cada uno simultáneamente para descubrir el problema que originó la discusión. No podían interrumpirse y mantendrían silencio mientras el otro contestaba. Ambos accedieron.
-A ver, señora Villarce, empezaré por usted- dije mientras observaba el rostro de él. –Dígame, ¿por qué han llegado tarde?- Ella estaba deseando hablar y no lo pensó ni un minuto más. –Pues verá doctor, ¡siempre cierra la puerta 10 veces!- La interrumpí con la mano para situarme, pues la respuesta me dejó algo descolocada, la dejé proseguir – A ver Doctor, siempre que salimos de casa tenemos que  hacerlo 20 minutos tarde, y todo porque él tiene muchísimas manías, cierra las ventanas 3 veces, ¡todas! Y de todas las habitaciones. Revisa si la vitrocerámica tiene el seguro puesto. Cierra la botella del gas, aunque ya esté cerrada, aunque la haya cerrado hace 40 segundos. Y después, ya después de todo llega el ritual de cerrar la puerta. ¡Maldigo el día que elegí una con dos cerraduras! Cierra cada una de ellas 9 veces, imagínese a qué hora vamos a venir [...] – La muchacha respiró, yo había estado observando la reacción de él durante toda la explicación. Siempre es recomendable no mirar a los ojos a una persona insegura si, realmente, queremos que se sienta cómoda para desvelarnos algo importante. En cambio, sí es productivo mirar a la persona fuerte a los ojos y descubrir como realmente existe un sufrimiento dentro apaciguado e inerte que pide a gritos auxilio. Esto es para entender la ambigüedad que pueda darse a la hora de conocer realmente el significado de las palabras “fuerte” y “débil”. A veces no existen personas que entren en ese rango de distinción, simplemente tienen altibajos moderados que nos indican una carencia de autodeterminación. Podríamos decir que ambos miembros de la pareja son, a la vez, fuertes y débiles. Estos fueron mis diagnósticos a priori en 15 minutos de sesión.
Pasé a estimular semanalmente a los señores Villarce con diferentes terapias que siempre utilizo para focalizar el problema y solucionarlo, esa es mi política “todo tiene solución”. Con el paso de las sesiones me di cuenta de muchas cosas. La primera terapia fue la de actitud, sometí a los pacientes a una encuesta en la que debían responder lo más sinceramente posible a cuánto estaban dispuestos a hacer por solucionar el conflicto. Ambos dieron un resultado muy positivo en cuanto la actitud por ello la primera terapia resultó un gran impacto positivo para mí. La segunda terapia es más complicada. Comienzo por algo que nos facilitará mucho el trabajo a la hora de negociar: qué es lo que queremos. Realmente ¿hasta donde estamos dispuestos a llegar?, y, por supuesto, ¿qué cosas no pensamos cambiar? Ambos tenían muchos aspectos que querían modificar y conocían muy bien los focos graves de problema pero se disipaban pequeños conflictos no tan bien establecidos, y justo en esos, cosas que no estaban dispuestos a alterar. Eran un caso difícil, pero nada que no se resolviera con horas de terapia. Ambos eran recién casados, llenos de ilusiones y de futuro, pero eran fruto del desgaste y la incomprensión causado por la imposibilidad de solucionar todos los problemas. Les estimulé mediante la empatía: cada uno de ellos pediría al otro lo que deseara y debía acceder, pero, a cambio debía compensarlo con un acto de bastante similitud. Pronto se dieron cuenta de que no les compensaban ciertas de estas ‘órdenes’ y que mediante las exigencias no se llegaba a ninguna parte. Ella estaba mucho más afectada en esta parte de la terapia, esto es algo a destacar para poder empezar a seleccionar en que ámbitos son más débiles y más fuertes cada uno de ellos. Les di dos consejos que él pareció captar a la perfección: la lucha de poderes no conduce a nada y negociar no es pelear. Entonces les expliqué que eran ellos dos los que debían aprender a resolver esos problemas y no dejarse guiar por familiares o amigos ya que si no aprendían a resolver los conflictos por ellos mismos vivirían en un círculo vicioso fomentado por los comentarios de personas externas al problema. Ambos admitieron haber pedido consejo y haberse desahogado en otras personas y, “ciertas veces”, indicaba él, eso les había conducido al conflicto. La negociación, el pacto, debían realizarlo los dos. Si uno de los dos no se mostraba de acuerdo debían hacer uno nuevo. Les pedí que se respetasen mutuamente, debían fomentar el autocontrol cuando les abordaba la ira y evitar hacer comentarios que pudieran herir a la otra persona. Finalmente les prohibí que provocaran un altercado por algo que ellos mismos habían supuesto o interpretado pero no existían pruebas de ello. Ambos aceptaron proseguir en la terapia.
Esta es la terapia que utilizo cuando me encuentro con un caso en el cual la relación pende de un hilo por desgaste (Sin infidelidades, nuevos conflictos o problemas realmente graves) debido a una exageración y prolongación de los problemas. Existen muchos casos así todos los días en esta y en muchas otras consultas. Quizá este podría ser tu caso.
Me pasé casi 10 meses conociendo a mis pacientes. Respondían a todos los patrones clínicos y, sin embargo, la terapia no les funcionaba. Lograban llegar a acuerdos que jamás conseguían cumplir y la terapia no avanzaba. Se anclaban en los mismos conflictos una y otra vez, los mismos focos, las mismas personas. Jamás pude entender como, a pesar de lo adecuadamente que progresaban en realizar sus ejercicios y comportarse mejor, eran incapaces de avanzar más allá de los mismos problemas que tenían desde antes de la boda.
Un día, exhausto con tanto trabajo, traspapelando encontré unas  hojas de notas que escribí y acabé perdiendo. Leí con detenimiento el informe con todos los diagnósticos clínicos de ésta pareja, los Villarce. Ese mismo día les llamé para decirles que había tenido una idea definitiva que resolvería todos sus problemas. Los cité a las 5:30 en mi consulta. Llegaron a las 5:55. Los cinco minutos extra eran por el cigarro que ella fumaba sentada en la puerta antes de entrar ya que, como me indicó, “no podía hacerlo andando”. Les invité a entrar, les indiqué las sillas y les leí un diagnóstico.
“El señor Moncho Villarce es una persona con una actitud algo atenuada. Presenta una inestabilidad emocional clara. Se define como positivo pero, realmente, no lo es de una forma duradera. Su pasado le ha formado como persona pero tiene muchos altibajos que le crearon miedos que jamás fue capaz de superar. La señora Leire Molina alberga un cúmulo de inseguridades de procedencia desconocida. Es muy sensible pero pierde los papeles con facilidad. Presenta algunos problemas de intolerancia frente a las ideas nuevas en cualquiera de sus ámbitos. Celosa posesiva.  Ambos pacientes son aptos para el cambio.”
Ambos se quedaron perplejos ante este pequeño diagnóstico que, aunque nunca suelo hacerlo para evitar que se molesten los pacientes, revelé. Dejé las hojas sobre la mesa y les dije –Señores Villarce han estado sometidos a meses de terapia para solucionar unos problemas que se dan con bastante frecuencia en todo tipo de pacientes. Nunca jamás había tardado tanto en una terapia y avanzado tan poco. Este informe que acabo de leerles por encima lo escribí cuando solo llevábamos 5 semanas de terapia, a penas hay cambios en los problemas realmente importantes. Verán, yo quería explicarles algo.- Les pedí que abriera su mente y no se negaran a reflexionar. Les sugerí que se dieran la mano y lo hicieron con una sonrisa.
-El amor es algo abstracto que no podemos definir con exactitud pero quiero que ustedes piensen en una relación de pareja como una pareja de baile. El amor es como un gran escenario sobre el que las parejas bailan. Cuando comienza la primera clase nadie se conoce y las parejas se forman en sentido aleatorio. Con el paso del tiempo cada uno va escogiendo la suya. Hay bailarines que no serán capaces de encontrar alguien con quien bailar e intentaran probar con alguno de ustedes porque, quizá, ya probaron antes y les pareció que podía funcionar. Aunque no lo hiciera, a veces la desesperación para encontrar una pareja para el baile de fin de curso puede causar conflictos. Si ambos estáis de acuerdo en que sois una pareja de baile sólida y estable comenzaremos a tomarnos el baile como algo más profundo. El problema de esto es que cuando es sincronizado siempre hay uno de los dos que da un mal paso, entonces hay que recuperar el ritmo. Hoy es la fiesta de graduación, la noche del baile. Vosotros dos os habéis cansado durante todo el curso, que es vuestra vida, de bailar con diferentes personas y no lograr establecer una pareja con la que, realmente, bailéis bien. Habéis llegado, incluso, a dudar en ocasiones de si realmente teníais la pareja que queríais tener y, a pesar de todos los conflictos que os causaba la diferencia de estatura y demás problemas que dificulten el baile, habéis accedido a bailar juntos. Pero ¿qué ha pasado? Hoy es el baile de graduación y ninguno de los dos está en el escenario. Os habéis cansado de bailar, de intentarlo y tropezar, una y otra vez. Pero estáis aquí los dos sentados en la puerta de la gran gala, observando el cielo y fumando. Ni si quiera os habéis vestido para la ocasión. Estáis aquí sentados sobrellevando la situación. Ninguno sabe bailar. Pero habéis logrado escaparos de la pista y estáis disfrutando de algo mucho más vil y sin valor. Estáis sentados, cogidos de la mano, fumando y mirando la luna. Preguntaros ahora, de todas esas personas que conocisteis en clase de baile, ¿cuántas estarían dispuestas a renunciar a todo para quedarse, simplemente, disfrutando de ese pequeño instante? El amor es como una gran pista de baile, tienes que aprender a bailar sincronizado con tu pareja y darlo todo el día de graduación, que es vuestro futuro juntos, pero vosotros, cansados de bailar, habéis preferido sentaros a ver la vida pasar. No tenéis ni un solo problema que no tenga solución pero os habéis  negado a aprender. Vosotros decidís, podéis seguir sentados disfrutando de la luna hasta que vuelva, de nuevo, el terrible sol. O podéis levantaros y seguir bailando toda la noche, a pesar de los pisotones y los tropiezos, hasta que salga el sol y aprender  a disfrutar de él.-
Ambos pacientes se miraron y se apretaron la mano. A partir de ese día los dos evolucionaron notablemente y aprendieron a ser capaces de solucionar todos y cada uno de sus problemas. Y vosotros, lectores, os preguntaréis ¿por qué? ¿qué motivó este cambio? Lo cierto es que mi terapia nunca falla, los que erraban eran ellos y la filosofía con la que se tomaban los ejercicios. Se pasaron toda la consulta “sentados” hartos de intentar bailar, tan solo repetían las cosas una y otra vez sin que funcionaran. Mecánicamente. Pero fue esa noche de la graduación, cuando se dieron cuenta de que estaban fuera de la fiesta mirando las estrellas, y que pasase lo que pasase, iban a aprender a bailar.

Espero de corazón que esta publicación les haya gustado y volvemos el mes que viene con un nuevo tema. Un cálido saludo y hasta pronto.

Doctor Ripoll.

viernes, 10 de octubre de 2014

Cerveza y otros vicios.

A veces me siento a recordar cada uno de los detalles de la historia en la que nos conocimos.
Sentado en la mesa con la sonrisa oliendo a cerveza y esa seriedad inexpugnable que aterraba. Hablando de dinero y de ideales por los que cualquiera te hubiera odiado, y allí estaba yo: odi(amán)dote. Todo un reto para entender delante de mis narices, y yo solo pensando en  rozarlas con las tuyas.
Puedo recordar momentos en los que creí perder la cabeza, tirar la toalla, desentenderme. Pero tu veneno ya corría por mis venas creyéndose nicotina. Hubiera sido demasiado fácil conocernos. Pero todas las batallas hubieran merecido la pena.
Me plasmabas de palabras increíbles que contaban historias que reblandecían hasta el más firme de mis ideales, y ni me importaba. Yo solo veía como bailaba el aire que salía de tu boca y soñaba con poder volar en él. Que tus labios hostiles se atrevieran a sentir los míos a 9 centímetros menos. Me volviste loca de atar, me enseñaste a dudar lo indudable, hasta que llegó el día que solo supe estar segura de ti, pero solo duró un día.
Clasificaba como impresionante la virtud de poder conocerte cada día de nuevo, porque cada día se presentaba un hombre diferente que se sentaba en el mismo banco de la universidad cuando salía de clase, solo porque venía. Tuviste centenares de personalidades intentando evadir el fuego  y, sin embargo,  fui capaz de enamorarme de todas ellas. Y suena increíble, pero cómo quieres que suene si hoy me senté a escribir sobre ti.
Y me hiciste vibrar cuando el resto se conformaba con tan solo temblar. Aprendí a hacerte reír, aunque sospecho que hace tiempo que ya sabías. Y qué orgullo que tu risa, que venía en diminutos frascos de delicado perfume, se derramara por mis oídos hasta reventar, y así enamorarme de ti un día más.
Ojalá alguien hiciera una película sobre todo aquello.
Poco a poco fuiste dándome alas hasta que un día, con la sinceridad que hacía tiempo te quemaba la boca,  me enseñaste a volar dentro del agua. De la de mi bañera.
Desde aquel día la realidad de la vida ha salido al descubierto. Nos encontramos en un precipicio en el que ambos habíamos caído, por separado, pero dispuestos a subirlo juntos.
Y desde entonces te he visto todos los días, y te he regalado ‘te quieros’ de esos que sabes que aunque alguna vez los digas a alguien más jamás volverán a ser iguales. Te he visto llorar cuando ya no podías ni un segundo más, y se me ha desgarrado el alma hasta doler, hasta perforarme el cráneo, solo pudiendo pensar una cosa: culpable.
Y desde entonces te he visto todos los días, y te he regalado ‘te amos’ de esos que sabes que aunque alguna vez los digas a alguien más jamás volverán a ser iguales. Me has visto llorar cuando ya no podía ni un segundo más, y tú con tus dedos apretando mi culo, y yo con los míos tocando el cielo, solo has podido pensar una cosa: culpable.
Te he encontrado borracho, de miedos, y de whisky, después de la tormenta. Componiendo melodías que fluían con las lágrimas en un sinsentido aterrador. Me has llevado de la mano a la cama y me has hecho el amor con la misma inseguridad con la que me besaste la primera vez.
Y te has enfadado cuando no he querido viajar a Londres, pero es que de vuelos ya he sido experta, y he llegado más lejos de lo que ningún avión podrá llevarme nunca. Y yo, que tanto pánico le tengo a volar, he hecho puenting sin cuerda desde tu sonrisa y he sobrevivido.
Y te he presentado a tus miedos de la mano, enjaulándolos en mi habitación. Y he visto como ahora eres tú quien se ríe de ellos y les abre la jaula cada vez que sube. Sin importarle absolutamente nada, he observado todos y cada uno de tus movimientos haciéndolo  y te he amado aún más.
He hablado en pasado porque ya no eres el hombre al que conocí, lleno de misterios y dispuesto a hacerme dudar. Ahora eres de esos hombres a los que parece conozco de toda la vida, y que en su pecho tienen una caja de seguridad para cuando el vértigo me puede, me abrazas y todo se sublima. Y es que es sublime poder disponer de ello siempre que el aire me falta, porque cuando te veo la respiración ya de por sí se me entrecorta. Y sé que suena increíble, pero cómo quieres que suene si estoy escribiendo sobre ti.

Y es cierto, me he tirado meses y meses sin escribir desde que te conocí, pero es que he aprendido a escribir sobre tu piel y me gusta más que el papel, he aprendido a dejar escapar por mi boca esas ideas que me rondan la cabeza y que el aire las lleve a tus oídos, y entonces suceda: te sonrojes, sonrías, y me beses, y pasajeros subid al tren con destino ninguna parte, que yo me quedo aquí, recorriendo tus piernas, con un único destino: ser feliz.

lunes, 7 de abril de 2014

"El infierno es un oasis en un desierto de llanto"

Me arde el pecho bajo el tormento del deseo de esas manos que jamás supieron escribir sobre mí, piernas estabilizadas rompiendo a gritar por ansiar temblar, labios corrompidos tan solo por querer ahogar la necesidad donde no debieron, bocanadas de aire presas de lo que creyeron un vis a vis, mentiras y más mentiras tratando de paliar esta lucha contra quién sabe qué. Demasiado tiempo en el exilio de la incapacidad por sentir. Bendito el rechazo y bendita la desidia que nos empuja a caer en un pozo, sin más agua que las lágrimas que se escondían a la espera de un motivo funesto que nos haría recordar. Pero más increíble es, aún, volver a sentir sin necesidad de apoyarnos en el recuerdo, nueva vida, nueva historia, nueva lucha. Infinita alevosía. Avenirse al intento hasta la muerte. Anhelo. Aspiración con vehemencia. Palabras, al fin, dentro de contexto. Bendito dolor que pretende paliar la lucha contra el papel. Volver a sentir, sentir por dolor, sentir por placer, sentir por escribir, sentir por existir, sentir por vivir. Infinito agradecimiento.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Perturbados pensamientos.

El frío se atrevió a vestirme con exactitud los huesos. Mi piel reserva las caricias que alguien dejó olvidadas tiempo atrás. El declive me abrió las puertas y osó hundirme en la concavidad de aquella oscuridad. El anochecer no es más que un precipicio hasta mis entrañas. Tortura de mi subconsciente hasta subyacer. Sensibilidad abatida hasta la muerte. Pesan más los párpados que el propio cuerpo. Oscilan hasta que les es permitido. Hoy he amanecido en el flanco contradictorio de la realidad. Fin’amor. El alma se halla extenuada en su integridad. Las preguntas solo son vocablos desorganizados que se dedican a desgarrar la cáscara que envuelve el torso inerte que algún día llamé cuerpo. Las respuestas, inexistentes, perforan y penetran con suavidad, calando más adentro aún. Días de ironía desatada. Días previsibles, esperados, pero dolorosos. Ya vuelven mis musas a tener color añil frígido. Ya vuelven a bailar sobre mi bolígrafo incitándome a desencadenar de una tirada todo su interior. Bienvenidas, se extrañaba vuestro revoloteo sobre la roca herida. Demasiado tiempo exiliadas como para poderse desatar en todo su esplendor. Nunca me dio miedo convivir con ellas pero la cobardía rindió culto al dilema. Leer y releer sin que nada me convenza. Agradezco el día que conocí a la pluma y la calcé con todo aquello que me incendiaba la mirada, mi endoscopio particular. Dibujo con letras el electrocardiograma que jamás nadie supo plasmar, a la espera de alguien capaz de saberlo interpretar. Algo más profundo que hermosos acordes carentes de musicalidad. Un paseo por mi yo interno hasta su expiración. Días de no reflexión, tan solo de tortura interna.  Perseverancia. Ya vendrán días mejores.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Desasosiego

La nuestra, una historia que completarla con un "de amor" se quedaría corta. La nuestra, una historia de tantas otras diferente de todas. La nuestra. Con las manos dibujaba la ropa que aún no te había quitado, petañear y esperar que se desvaneciera era como elevar las manos a Dios a la espera de una señal. Imposible, ¿no?. Ni la ropa se movía ni el contoneo de tus piernas seguía el ritmo que marcaba mi sistema nervioso. Tu métrica incomprendida. Mi compás imprevisible. La armonía imposible. La respiración se entrecortaba con solo imaginarte a 2 centímetros menos de distancia. Me cansé de imaginarlo. Cobarde por dedicarme a plasmarlo con imágenes sucesivas que no llegaron. Espera. Duda. Intento. Olvido. Espera. Pautas incomprendidas que solo conducían a la congoja. Pautas fugaces para sensaciones extremas. Creía encontrarte en ocasiones. Conformismo estúpido. Frío. Solo frío. Frío en tu mirada, frío en tus oídos. Irónico escuchar arder el fuego de la piel que jamás tocaste. Desequilibrio equilibrado. Perplejidad hasta en las entrañas. Desasosiego en las clavículas. Médula consternada. Fugacidad eterna. ¿Y ahora qué? Ahora dejo el agua arder en la bañera hasta incendiar mi piel para recordar tu mirada. ¿Tu mirada? No. La que yo quería imaginar. Ahora dejo el café prender para escuchar el crepitar de mis papilas. A veces cambio. A veces toco el hielo con las manos para hacerme creer que mitigo el alma. Mentira. Enredo. El frío de tus oídos llegó sin tu voz a los míos. Corazón impasible, entusiasta por dos centímetros, se mantiene flemático. Cuerpo álgido dispuesto a rechazar. A rechazar incluso las pupilas de tu sendero. Impulsos eléctricos imperturbables. Vida. ¿Vida? Supervivencia. Dicha pródiga . Latido silenciado.

martes, 19 de noviembre de 2013

Origen y desenlace

¿Cómo vamos a ser capaces de hablar del amor sin conocer su origen? ¿Cómo vamos a admirarlo siendo lo que es? ¿Dónde se originó? ¿Qué es el amor? ¿Qué representaba? Empecemos. El origen del amor se halla en el siglo XII. Es un invento de los trovadores y poetas de la época, que fue puliendo su significado poco a poco. El amor, el significado origen, la realidad escondida, el motivo de su creación, es la apología del machismo camuflada de una forma excepcional. Mediante el protagonismo activo de la mujer en él ha sido defendido por todos cuando no se trataba de otra cosa más que de la marginación y el mantenimiento de la inferioridad femenina, que siempre se ha visto obligada a mantener su papel secundario por eso mismo, por amor. La esclavitud voluntaria. La denigración a conciencia. Ese es el verdadero amor, el origen, el comienzo. La alteración de este significado se ha visto propuesto por la evolución de la cultura: literatura, cine y sociedad. Pero, ¿realmente ha evolucionado este concepto? Tal vez, desde la sombra, sigue actuando rebajando el rango mediante el sexismo con el que fue forjado. El amor ha llegado a nosotros de una forma didáctica, y eso es innegable. Antes de habernos “enamorado” por nosotros mismos hemos sido adoctrinados mediante cuentos, películas, novelas… Lo hemos defendido con uñas y dientes, y hemos imitado, desde nuestros recursos, lo que los grandes románticos dictaban. No hemos muerto por amor pero sí hemos sido capaces de situarlo por encima de cosas primordiales. ¿Y por qué? ¿Realmente es algo racional? Inconscientemente hemos introducido en nosotros la necesidad, más que de enamorarnos, de encontrar un compañero que nos acompañe durante nuestra vida, porque la soledad es impensable. Nos mirarán por encima del hombro si somos mujeres de provecho pero solteronas, ¿o no? Esto se demuestra mediante el irracional miedo que emana de nosotros cuando vemos un futuro sin alguien a nuestro lado que sea capaz de sacarnos las castañas del fuego. El matrimonio ha acabado por ser la prostitución de la mujer, una salvación a su ineptitud. La entrega de su tiempo, capacidades y cuerpo a cambio de dinero indirecto en forma de ingresos y hogar. Ha sido así durante siglos, incluso hoy en día se mantiene, si bien no siempre, en muchos casos.
Hoy, tras casi un año en el exilio, me he atrevido a volver a hablar de amor, pero de un amor diferente e inusual. Un amor realmente igualitario. Una locura. El error del amor radica en pensar que la otra persona es de nuestra propiedad. De prohibir o controlar su ambiente y personalidad, sus relaciones. Los seres humanos parecen ser incapaces de entender que lo único que podemos considerar “nuestro” son los sentimientos de esa persona hacia nosotros, y nada más. En lo que debemos influir. Si ofrecemos esa libertad y nos centramos en lo único que nos pertenece tomamos un cambio. Ambas personas se encontrarán  en una estabilidad jerárquica y podremos disponernos a eliminar cualquier rastro que lleve, escondido, atrapado en su nombre. Lo que se pretende conseguir mediante esto es  que esa parte que podríamos decir, nos pertenece, vaya acrecentándose poco a poco por la voluntad de la otra persona hasta llegar a un punto en el que no sea necesario reclamar una “fidelidad única” porque esa lealtad mostrada hacia aquello que nos concierne ha llevado a cabo que cada vez nos corresponda una parte más ingente. Entonces ya lo tenemos, ¿o no? Eso es lo que pretendo, llegar a un punto en el cual nadie se atreva a exigir nada simplemente porque ya no sea necesario. Algo que, aunque no me guste llamarlo amor, podamos llegar a considerar un conjunto de cariño, afecto, ternura, apego y pasión. Me gusta creer que pasamos a ser algo similar a una afición más intensa, y viceversa. Y solo así podemos sacar todo lo posible de la “media naranja” sin necesidad de exprimirla hasta que la última gota nos dé en la cara.

martes, 12 de noviembre de 2013

La iglesia no es religión.

Con el permiso de Karl Marx, filósofo intelectual y militante comunista alemán judío, tomamos como anafórica una de las tantas frases que lo identifican. “La religión es el opio del pueblo”. Tan sencillo como eso. Religión, para algunos no más que una asignatura impuesta, supuestamente, por influencia social e histórica, para otros una acérrima creencia que los ciega hasta límites insospechables. Pero hay otro grupo, otro en el cual este sistema provoca un irrisorio desmesurado, y no, no hablo de esas personas que rechazan y condenan estos dogmas, sino los propios creadores de tal contrariedad. Si nos ponemos tolerables, podemos empatizar con esas personas, que haciendo alarde de su deficiencia, ciegamente tienden sus manos a la religión y a Dios, ya que la sociedad está todavía muy lejos de abandonar esos arcaicos mitos que en su día devolvieron la fe a la humanidad. El problema de la religión no es otro que la iglesia. Tarde o temprano los religiosos se ven obligados a recurrir a este negocio, pues algo que mueve una estimación de, y digo estimación ya que no podemos creer ciegamente todo lo que los medios nos cuentan, 32 millones de euros al año, provenientes de las arcas públicas, no tiene otro nombre que negocio. Ante una sociedad carente de educación y firmes teorías científicas que resolvieran los porqués que en su día otorgaba la situación, un grupo de personas buscó el firme apoyo que un ser místico e irreal podía estipular. Es incongruente culpar al pueblo por favorecer ésto cuando es evidente que era necesario elidir responsabilidades y, a la vez, responder esas cuestiones que los atormentaban debido a, como hemos recalcado anteriormente, una falta de conocimientos. La religión, vista desde un punto más simple, no pretendía más que conseguir una sociedad mejor. Aspectos tolerables los cuales condenaban tendencias tales como robar, matar, y un largo etcétera. Pero hoy en día no tenemos más que hipocresía. Hipocresía que aquello que un día defendía un comportamiento honrado sea ahora el cual rechace, aisle y denigre a las personas que, hartas de la farsa en la que se ha convertido, se desliguen de estos principios. La iglesia no es más que la satírica manipulación de lo que en su día fueron honestos principios, para conseguir el beneficio propio. El extremismo máximo y la descontextualización de la palabra de la biblia. La clara y presente denigración de la mujer que, aunque no de forma explícita en un principio, ha sido llevada hasta los confines más rebuscados con un único fin: dominio. No puedo permitir mi credibilidad ante algo que, para empezar, me desprestigia como autoridad por mi sexo. De un ámbito afable y armonioso desembocamos en toda su contrariedad. Como inadmisible me atrevo a considerar que tengamos que quitarnos el pan de la mesa para sustentar algo que, en principio, era dominado por un líder que andaba en sandalias y duplicaba el pan y los peces para dar de comer al pueblo. Es irónico que personas se vean obligadas a recurrir a comedores sociales en parroquias porque su dinero esté empleándose en los bolsillos de una iglesia corrupta. Y si, podemos decir que el alimentos que éstas parroquias ofrecen sale de éste dinero público, pero ¿cuánto dinero es necesario para acoger a estas personas? Y aún más importante ¿cuánto es empleado para actos innecesarios que no buscan más que la propia riqueza? Pero la corrupción de esta identidad es tan evidente y contraria a los principios fundadores que no es necesario esforzarse demasiado en su demostración. La arcaica mentalidad ignorante sigue potenciando estos deleznables actos ante nuestras narices. Nos morimos de hambre mientras lamentamos desgracias tercermundistas porque no tenemos medios para sustentarlas, y mientras tanto la iglesia rebosa en medios que emplea para otros fines; fines individuales. Se nos implantan los que deberían de ser sus quehaceres. En mis 18 años de vida he oído desde los ya conocidos “¡Respeta mi opinión!” a amenazas insostenibles tales como “¡Dios te castigará e irás al infierno!” He aquí otro ejemplo más de hipocresía en la cual se pide respeto pero a su vez se niega. Una simple y mera opinión desde los ojos de una persona que ha visto muy poco debido a su corta edad, pero que se atreve a prescindir de los gastos y dogmas irrespetuosos que 2.000 años llevan torturándonos para alardear de una superioridad concedida por nadie pero inexpugnable por el mismo número de personas.
Lucía Berenguer Verdú

jueves, 24 de octubre de 2013

Sistema "educativo" español

Desde bien pequeños, desde la infancia, se nos adoctrina para ser obreros. Se nos enseña a estudiar para ser alguien en la vida, se nos conduce a un camino de estudio y estudio y se le llama futuro. “Estudia para ser alguien en la vida”. La teoría es fácil de chapurrear por todos, por cualquiera, pero ¿cuál es la verdadera práctica? Se nos adiestra en un camino para acabar sirviendo al estado, para acabar malviviendo con un mísero sueldo mientras cada día tendrás que salir a la calle y hacer actos de valor. No se premia la originalidad, no se premia la creación. Se premia el memorizar por completo una serie de apuntes y vomitarlos sobre un papel, cuanto más idéntico mejor. Con puntos y comas sobre algo de lo que no tienes ni la menor idea llegarás lejos. Y lo peor es que cualquier mentecato con una buena memoria podrá llegar más lejos que alguien que realmente pueda salvar la humanidad. Se nos motiva a memorizar y memorizar, expulsar y olvidar. Así se llega a la universidad, o a cualquier curso de estudios superiores, sin tener una mínima idea de la vida y una base educativa lamentable. Y esto no acaba aquí, profesores que se sacaron la carrera cuando estudiar era de ricos y han vivido años y años del cuento se dedican a menospreciar el trabajo y a desvalorar al que sobresale. Esos profesores se dedican a ir a clase y su trabajo consiste únicamente en leer diapositivas y contestar de forma hiriente a alumnos que no tienen la culpa de desconocer los conceptos. Y a pesar de todo se atreven a indignarse cuando recortan en un sueldo que no merecen. Veo en mi ámbito todos los días a personas realmente inteligentes que podrían haber llegado lejos y en lugar de ello los encuentras en parques  automarginándose cuando ya no hay otra opción. Los recortes en educación son solo la guinda del pastel para algo que acaba por desprestigiar a su propio nombre. Hace tiempo cuando tan solo era una niña de segundo de ESO una profesora de lengua castellana se acercó a mi con un papel en la mano. Me dijo que había analizado a fondo mi trabajo y me sugirió que participara en algún concurso de redacción porque creía firmemente que tenía talento, a pesar de mis bajas notas por falta de saber memorizar la literatura. Esa profesora hizo más por mi de lo que en 18 años había hecho nadie, y con un simple gesto. Las buenas notas no marcan tu talento ni tu inteligencia porque ahora mismo sacarlas puede hacerlo el más ignorante. Y sin una preparación digna ni unos estudios primarios decentes se puede llegar incluso a presidente del gobierno. Todo está pensado y hecho para tener a un pueblo ignorante que realmente se atreve a mirar por encima del hombro a personas que carecen de estudios, y así nos va. Los mismos alumnos, divertidos, apoyan causas, de una gran importancia, de una forma tan banal e ignorante que acaban por denigrar una gran lucha. Es curioso que el comentario más popular de esta semana en clase haya sido “jajajaja si que voy a hacer huelga, si, pero desde el sofá de mi casa”. Otra muestra clara y ácida de que cualquier analfabeto puede llegar a la universidad. Y con esta prioridad anoche muchos de ellos salieron de fiesta por el mero hecho de que hoy no había clase, y así convierten luchas en puentes y diversión, proclamando la ignorancia, la desinformación y la inconsciencia de una panda de iletrados que aún se atreven a indignarse y a pedir una educación sin recortes. Por otra parte, admirables son aquellos que han ido a clase incluso contra su ética estos días porque sabían de qué iba a servir quedarse en casa, y hoy se han levantado a las 7 de la mañana para ir a manifestarse y poner en práctica sus derechos. Por los que se han dirigido a plantar cara al mundo de la mejor forma que han sabido, por los que saben realmente que los recortes son el mínimo problema ahora mismo, por los que piden una educación de calidad, por los que sobreviven en clase día a día soportando en sus carnes desprecios y miradas de arrogancia cuando un trabajo, inútil, no es valorado. Y así, día a día, aprendemos a ser obreros y a calcular nuestro futuro sirviendo al Estado con nuestro sudor. Para todos aquellos que saben el porqué de esta lucha, y tienen derecho a indignarse, mis respetos. Hoy vosotros sois la voz, hoy vosotros marcáis el combate, hoy respondéis por todos. Para que algún día, dentro de unos años, sea yo la que me acerque a una alumna y motive su afán por escribir y por mostrarle al mundo que vale, que vale más que todos esos dieces que sonríen en clase. Hoy, 24 de octubre, luchemos por confeccionar algo que realmente merezca ser llamado educación.

martes, 22 de octubre de 2013

Carta a la música

Dormida en mi regazo. Capaz de despertar al unísono para acariciarme el alma con la inexactitud de las yemas de sus dedos. Cuando todo el mundo me rechazó fue ella quien supo ver algo abstracto, indefinido e  impreciso en mí, y me despojó de mis ropas para aferrarse a la piel como una caricia de madrugada. Intérprete del miedo de mis ojos cuando el mundo se deshacía bajo los pies. Capaz de neutralizar el fuego de las lágrimas que me incendiaban las mejillas. Guía de mi inexperiencia, idónea en arrinconar los rompecabezas de mi día a día y lograr desertar de aquí en diminutos intervalos, la evasión de mi mente sobre el resto. El tiempo deja de mesurarse en minutos cuando estás cerca. Amor cuando tu métrica me acuna y besa con entereza los oídos hasta penetrarme el espíritu. Que no me hablen de hedonismo si no te han sentido cerca. Compositora nata de la vida, capaz de convertir aire en poesía. Mágica. Música.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Mi infierno particular

Sobre un papel en blanco y mediante el uso de las palabras me desnudo para mostraros uno de los millones de problemas que habitan en mi yo interno. Hace ya 9 meses que dejé de creer en el amor que un hombre pueda ser capaz de ofrecerme en una relación. El problema de esta sociedad radica en creer que el sexo es la mayor forma de demostrar lo que ambas personas sienten entre ellas. Tan solo es un intercambio de fluidos como el que se da en un beso pero con más placer, si ambos saben como hacerlo. La desgracia se sienta a mi lado en el sofá y me mira complacida de haber sido capaz de penetrarme una vez más; una violación en toda regla.  La televisión ha dejado de ser el centro de mi evasión de esta realidad y ya nada puede llenarme. Desde la estantería más elevada de mi cocina la botella de Añejo me mira sonriendo, brillante, llena de vida, soluciones, y a gritos me lanza un "bébeme". Ante tal propuesta obedezco presa de mis miedos e intento llegar a un estado mediante el cual consiga abandonar mis plegarias hoy. Y chupito tras chupito la botella se vacía, mi garganta arde y me ruega que me detenga. Así siento como el veneno recorre mi cuerpo e inhabilita mi sistema nervioso para que los problemas se trasladen a un segundo plano. Cuando la botella es incapaz de dar más de si cojo una cerveza e intento que mi cuerpo suavice el golpe que acabo de propinarle. Mis órganos se ponen en pleno funcionamiento para conseguir filtrar el alcohol que ahora recorre mi sangre. Lucha constante contra esta tóxica pócima que hoy resulta ser la única capaz de aportarme algo. El papel también es capaz de aliviarme, pero solo cuando soy apta de mostrar una actitud valiente, por eso hoy sustituyo el folio por OCB y lo relleno de vida, o de muerte, según lo que cada uno sea capaz de tolerar. Mis dudas vuelven a mi, y ante mi narcotizado estado puedo analizar todas y cada una de las pequeñas cosas que me rodean, y que, exenta de narcóticos, pasan desapercibidas ante mi. La actitud valiente de un amigo que me telefonea para esbozar una sonrisa en un día gris es hoy mi único consuelo. Drogadicta de mis miedos intento volar en mi habitación para sentirme más viva destruyendo esa parte de mi cabeza que me atraviesa y hiere. La desgracia me mira contenta, gozando ante mi infortunio. ¿Cobardes aquellos que se refugian entre la toxicidad de las sustancias marginadas de esta sociedad? Tal vez. Pero las personas de alma frágil y desasosiego en la mirada tenemos pocas opciones. La claridad de la vida se hace pública cuando la droga incapacita la mente. El amor es mentira. Es mentira cuando hablamos de relaciones y creemos que no hay más acto espiritual que el sexo. El sexo solo es mecánico, solo se produce cuando ambas personas se unen entre si en busca de placer. El verdadero amor radica en actos mucho más profundos e interiorizados que jamás seréis capaces de comprender. Yo entregué una vez mis miedos, inquietudes, mi sustancia, sensibilidades, sentimientos, voluntad, mi interior, en una cajita de madera creyendo que la persona que la adquiría era el centinela más adecuado. Ingenua de mi. Y a día de hoy soy capaz de lamentar que aquellas cosas se esparcieron por un ambiente hostil de habladuría social que solo pretendían conseguir el propiciar daño, y el morbo que suponía ser capaz de conocer la desnudez de una persona en ese extremo. Es por eso que a día de hoy no creo que exista ninguna personas que merezca la cajita de absolutamente nadie, cuando de una relación amorosa, propiamente dicha, se habla. Cualquier persona que nos lo haya hecho primero, puede después entregar su cuerpo a la primera zorra que aparezca en el camino, y enloquecemos furiosas sintiéndonos engañadas. Bendita ignorancia. Al igual que somos capaces de besar a cualquiera y no sentir nada, también podemos entregar nuestro cuerpo para, tan solo, evadirnos al placer. Eso no demuestra nada. El sexo es el sexo, y el cuerpo puede compartirse con cualquier persona que nos atraiga, pero el alma permanece intacta dispuesta a ser entregada a cualquiera que lo merezca, y es ahí cuando realmente reside el engaño y la traición. Por eso yo, puedo entregar mi yo interno, sin miedos, a alguna persona que sea capaz de escucharme cuando la situación lo requiera y empatizar conmigo en un diálogo lleno de pros y contras que se consolide en una decisión concurrente. La amistad nos ofrece el mayor significado de amor que podamos llegar a conocer, un abrazo es capaz de demostrar más que un polvo, aunque la ropa esté de por medio. Los sentimientos son más limpios y puros, los celos son prácticamente inexistentes, y la sinceridad, verdad, tolerancia, respeto van por delante. No hay relación más hermosa que la que se completa con un gesto, y con la que se es capaz de sentir el alma colmada con tan solo una sonrisa amiga. Y aquí me hallo, agotando una cerveza con los labios, y pensando que se trata, también, de alguna forma de intercambio de fluidos más aseverativa a la realidad. Estúpidos aquellos que aún creen en la sociedad y en sus principios cuando es aquí donde radican todos los jodidos problemas que sois incapaces de ver. A veces, envenenar el cuerpo para acceder al alma es el camino para llegar a nuestro yo interno y hacernos el amor, porpiamente dicho, y conociéndonos en todos nuestros aspectos, para así comprender el porqué del rechazo social, y a la vez, el porqué de la aceptación y comprensión en unos pocos, contados con una mano, dispuestos a recorrerse unos cuantos kilómetros solo por ser capaces de vernos sonreír, para así llenarse a sí mismos. Y así concluyo este pedacito de mi, con un consejo: no hay peor drogadicción que la capacidad de asimilación del engaño con amplia naturalidad.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Tentativa cohibida

No sois capaces de concebir lo duro que era tener una conducta totalmente indómita y, sin embargo, extraviarse entre los lunares de su piel. Las conversaciones repletas de trivialidades se disipaban en un ambiente hostil y decadente. No eran necesarias, ambos discernían lo que querían y por ello no se empeñaban en forzarlas para acallar, de algún modo, ese sentimiento interiorizado que les obligara a sentirse mal. Leía el desasosiego de sus ojos cuando hacían el amor. Él le retrataba la ropa de la que carecía con las manos. A ella le deleitaba tener esa piel color oliva ardiendo sobre si, era el acto más análogo de rebeldía paternal que podía concebir. Nunca le importó el dinero o la condición, tan solo era una yegua desbocada capaz de entregarse, sin más, al primero que fuera capaz de sosegar su inconformismo exteriorizado. Los encuentros siempre eran casuales y se semejaban por la ferocidad que eran capaces de demostrar. Él solo quería entregarle su tosco amor de la mejor forma que sabía, ella, en cambio, solo quería sentir el placer que le producía el constante choque de sus sexos y lograr de fundirse con el ambiente cuando se dejaba ir de placer entre las oscuras manos de su acompañante, que presionaban su trasero cuando ésta se retorcía entre convulsiones, que eran capaces de confundirla sobre la existencia de un Dios. Cuando los espasmos se atenuaban ella mostraba sus insaciables deseos de ser capaz de volver a rozar el clímax en el menor tiempo posible, al igual que cuando despiertas de un sueño e intentas volver a dormir para continuarlo. En esos momentos enloquecía cegada por su afán de lograr llegar hasta el techo de la habitación sin levantarse de la cama. Y empezaba de nuevo con un rápido vaivén de su cuerpo dirigiendo a su amante a la culminación de ambos cuerpos fundiéndose exaltados sobre las sábanas azules manchadas de esperma. Y, como una auténtica amazona, galopaba enloquecida sobre él mientras los ojos le ardían y le faltaban manos para magrearle todo el cuerpo. Era entonces cuando él, en un máximo alarde de transmitirle su voluptuosidad, la volteaba sobre la cama inmovilizándola con sus manos, privándola de conducir las riendas durante ese instante, y cuando aún el desconcierto de la situación le impedía reaccionar, la penetraba colérico hasta que se le ahogaban los gemidos y, de nuevo, ambos se abandonaban al placer para sentir como sus cuerpos se diluían sobre el sucio colchón de hostal barato que les rodeaba.

sábado, 17 de agosto de 2013

"Es solo sexo"

Todas hemos sentido esos irrefrenables deseos de dejar de sentirnos vacías durante un rato. De completar esa sensación que acarrea todo nuestro cuerpo con un tenue cosquilleo que nos hace enloquecer. La carne es débil y la sociedad estúpida por intentar negarlo. El sexo es necesario y la monogamia solo existe en las relaciones. ¿Por qué nos empeñamos en criticar un acto tan natural? Personas reprimidas hacia el sexo intentan privarnos de la belleza de este. Dejarse llevar, sentir, experimentar, disfrutar, complacer, no hay nada malo en ello. Llegar al cielo mediante el calor humano o la frialdad de tu propia mano, no importa. "Guarra" no es más que una forma que tienen algunas personas de acallar su infierno interno, individuos cohibidos que someten sus sentimientos e intentan moderar su naturaleza para apaciguar la lujuria que les corroe las entrañas. Yo me declaro una abandonada a la concupiscencia que no por ello deja de valorarse en ningún momento. Es solo sexo, un incoherente tabú condenado por absurdas convenciones sociales en desacuerdo con la época. El placer nunca fue pecado y me niego a seguir reprimiéndome por ello para complaceros. Empezad a abrir la mente. Y las piernas, que no pasa nada.